El rediseño de la empresa con IA es una idea que me surge de libro The Technological Republic, de Alexander Karp, CEO de Palantir, y Nicholas Zamiska que me parece bastante más interesante que la eterna discusión sobre si la IA va a quitarte el trabajo: la tecnología debería volver a utilizarse para rediseñar la empresa con IA.
Karp acusa a Silicon Valley de haber desperdiciado durante décadas a algunos de los mejores ingenieros del planeta haciendo aplicaciones, publicidad, feeds infinitos y algoritmos diseñados para que hagas clic un par de veces más. Su propuesta consiste en recuperar la ambición: empresas tecnológicas, gobiernos, universidades e instituciones trabajando conjuntamente en defensa, salud, infraestructura, energía, ciencia y competitividad.
Hasta aquí compro bastante. Pero llevaría su tesis un poco más lejos. Porque la verdadera pregunta que plantea la inteligencia artificial no es simplemente cómo mejorar nuestras instituciones actuales. Es bastante más incómoda: ¿qué instituciones y empresas deberíamos rediseñar completamente ahora que existe la IA?
La pregunta equivocada es: ¿dónde puedo poner IA?
En miles de directorios debe estar ocurriendo exactamente la misma conversación: “¿Dónde podemos utilizar inteligencia artificial?”. Servicio al cliente, marketing, reportes, Recursos Humanos, presentaciones, análisis de documentos, correos. Perfecto. Ahora tienes prácticamente el mismo proceso que antes, pero con una IA agéntica metida en alguna parte.
Felicitaciones. Eso no es transformación, no es el rediseño de la empresa con IA. Es ponerle un motor Ferrari a una carreta y celebrar porque ahora la carreta corre más rápido.
La pregunta interesante es otra: ¿qué proceso, estructura, cargo o incluso institución diseñarías de manera completamente distinta si partieras hoy desde cero sabiendo que existe la inteligencia artificial? Ahí empieza la transformación de verdad.
McKinsey encontró que, entre las empresas que utilizaban IA generativa, solo un 21% había rediseñado fundamentalmente algún workflow. Y lo realmente interesante es que, entre las distintas prácticas analizadas, el rediseño de los flujos de trabajo aparecía como una de las variables más relacionadas con conseguir impacto económico concreto.
Traducido al castellano: la inmensa mayoría está intentando meter una tecnología del futuro dentro de procesos diseñados para el pasado.
No automatices la burocracia. Pregúntate por qué existe
Imagina un proceso empresarial bastante típico. Una persona recibe información, otra la revisa, una tercera genera un Excel, alguien más valida ese Excel, después otra persona prepara un PowerPoint, se hace una reunión, el gerente pide modificaciones y finalmente, después de varias vueltas, alguien toma una decisión.
La tentación actual consiste en poner un agente de inteligencia artificial en cada una de esas etapas. Un agente prepara el Excel, otro revisa la información, otro genera la presentación y otro resume la reunión. Fantástico. Has automatizado nueve etapas. Yo haría una pregunta mucho más desagradable: ¿por qué existen nueve etapas?
Quizás, utilizando IA, el proceso correcto tenga tres. O una. O ninguna. Y ese mismo razonamiento sirve para universidades, bancos, compañías de seguros, ministerios, hospitales, consultoras y prácticamente cualquier organización diseñada durante el siglo XX.
Porque la inteligencia artificial no solamente reduce el costo de ejecutar una tarea. También reduce brutalmente el costo de buscar información, analizarla, coordinar personas, generar alternativas y tomar determinadas decisiones. Y cuando cambia radicalmente el costo de una actividad, tarde o temprano cambia también la institución que se construyó alrededor de ella.
Aquí es donde empiezo a discutir con Palantir
La visión de Palantir resulta extraordinariamente seductora. Conectas los datos de una organización, construyes una representación digital de sus operaciones, relacionas activos, personas, procesos y decisiones, y después permites que seres humanos y agentes de inteligencia artificial interactúen sobre esa realidad operacional.
Tecnológicamente es fascinante. Y probablemente veremos muchísimo de esto durante los próximos años.
Pero aquí aparece mi principal problema con una parte de la tesis de Karp: una institución no es solamente información, procesos y tecnología. También es poder, incentivos, cultura, regulación, intereses personales, presupuestos, cargos, jerarquías y personas protegiendo territorios que llevan veinte años construyendo.
Una burocracia excesiva con inteligencia artificial sigue siendo burocracia. Solo que ahora responde en 300 milisegundos, volvemos a lo mismo, no es el rediseño de la con IA.
Y hay algo incluso peor. Si automatizas un proceso mal diseñado, no necesariamente solucionas el problema. Puedes conseguir que el error ocurra mucho más rápido y a una escala muchísimo mayor. La inteligencia artificial puede multiplicar tanto una buena decisión como una pésima.
Ahí es donde creo que cierto optimismo tecnológico necesita un poco más de sospecha.
La IA nos obliga a preguntarnos qué empresas todavía tienen sentido
PwC analizó en 2026 más de 1.000 millones de ofertas laborales y encontró que las industrias más expuestas a inteligencia artificial estaban experimentando fuertes incrementos de productividad. También observó que las habilidades requeridas en los trabajos más expuestos a IA estaban cambiando a una velocidad muy superior a las de otros empleos.
Por eso creo que estamos haciendo demasiado pequeña la conversación sobre inteligencia artificial. Seguimos obsesionados preguntando “¿qué puestos de trabajo reemplazará la IA?”, cuando quizás deberíamos empezar a preguntarnos qué empresas deberían dejar de funcionar como funcionan hoy, es decir, verdaderamente abordar el rediseño de la empresa con IA. ¿Es difícil?, claro, ¿se puede hacer? Totalmente.
¿Qué pasaría si diseñaras una universidad desde cero teniendo IA? ¿Tendría facultades organizadas de la misma manera? ¿Clases de 90 minutos? ¿Profesores entregando el mismo contenido simultáneamente a 40 estudiantes? ¿Evaluaciones iguales para todos?
¿Y un banco? ¿Una consultora? ¿Un ministerio? ¿Una compañía de seguros? ¿Un departamento de marketing? ¿Necesitarían los mismos cargos, las mismas jerarquías, los mismos comités y las mismas reuniones?
Probablemente no.
Karp tiene razón: nos falta ambición
En esto sí creo que The Technological Republic toca un punto bastante profundo. Hemos convertido buena parte de la conversación sobre inteligencia artificial en una discusión de productividad marginal. Cómo escribir correos más rápido, generar presentaciones en cinco minutos, resumir reuniones o producir contenidos automáticamente.
Todo eso está bien, pero es bastante poco ambicioso.
La verdadera oportunidad consiste en cuestionar estructuras completas. Y eso inevitablemente genera resistencia, porque rediseñar una organización significa descubrir que algunos procesos ya no son necesarios, algunos cargos tampoco, algunas unidades tienen que fusionarse y algunas decisiones podrían tomarse de una manera completamente distinta.
Ahí aparece la diferencia entre digitalizar una empresa y rediseñarla para la era de la inteligencia artificial.
La primera mantiene la organización prácticamente intacta y agrega tecnología. La segunda parte con una hoja en blanco.
Y quizás esa debería ser la pregunta que todo gerente, rector, ministro o empresario debería hacerse durante los próximos años:
Si hoy inventáramos esta organización desde cero, sabiendo que existe la inteligencia artificial, ¿realmente la construiríamos así?
Si la respuesta es no, entonces tienes un problema bastante más importante que encontrar dónde poner un chatbot.
FAQs
¿Cómo cambiará la inteligencia artificial a las empresas?
La principal transformación no será solamente la automatización de tareas. La IA permitirá rediseñar procesos, estructuras organizacionales, sistemas de decisión, jerarquías y modelos de negocio completos.
¿Qué propone The Technological Republic sobre inteligencia artificial?
Alexander Karp y Nicholas Zamiska sostienen que las empresas tecnológicas deben recuperar la ambición de resolver grandes problemas económicos, científicos, públicos y geopolíticos, fortaleciendo además la colaboración entre tecnología, empresas y Estado.
¿Qué significa el rediseño de la empresa con IA?
Significa no limitarse a automatizar las tareas existentes, sino cuestionar por qué existen esos procesos, departamentos, cargos y niveles jerárquicos, para reconstruir la organización considerando las nuevas capacidades que entrega la inteligencia artificial.
¿La inteligencia artificial eliminará puestos de trabajo?
Algunos trabajos y tareas probablemente desaparecerán o cambiarán sustancialmente. Sin embargo, el efecto más relevante puede producirse en la estructura de las organizaciones, ya que la IA reduce los costos de coordinación, análisis, producción de información y toma de decisiones.
¿Cuál debería ser la primera pregunta de una empresa frente a la inteligencia artificial?
En lugar de preguntar “¿dónde podemos implementar IA?”, una empresa debería preguntarse: “Si construyéramos hoy esta organización desde cero, sabiendo que existe la inteligencia artificial, ¿la diseñaríamos de la misma manera?”
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